¡Cómo te caigas, vas a cobrar!

domingo, 8 de marzo de 2020




Queridas compañeras de fatigas, hoy vengo a hablaros de un temita que, seguro que habéis leído o escuchado últimamente, la disciplina positiva.
Coged un bol de palomitas que se avecina tostón, y si no tenéis sueño leedme y verás que pronto apagáis la luz, jajaja.

Esto de disciplina positiva suena como a términos contradictorios, ¿verdad? ¿se puede realmente impartir disciplina a un niño de forma positiva. Sí, queridas, se puede. O eso dicen muchos estudios, y también decía Adler, psiquiatra infantil allá por los años 20…
¿Cuántos de nosotros somos de la generación del azote? Me atrevería a decir que todos… ¡pero si hasta tenemos frase de madre patentada en relación a ello! La de veces que habremos escuchado aquello de como sigas llorando, verás cómo te doy y lloras por algo... ¡yo unas cuantas! Pero no culpo a mis padres, ellos también son de esa generación, incluso muchos hoy siguen pensando eso de: ¡este niño está a falta de un buen azote!
¿Piensas lo mismo cuando ves a algún adulto haciendo algo indebido en la calle? Sí, piensas… vaya torta le daba (estamos en horario infantil, acordarse), ¡pero nunca se la das! Pensadlo…


Es un tema delicado donde les haya, porque ¿quién soy yo para meterme en como educa cada uno a sus hijos? Nadie, ya os lo digo yo. Pero tal vez, solo tal vez, si nos cuentan las cosas de forma lógica entendamos que un azote, por mucho pañal que haya por medio no sirve para educar y que nuestros retoños y retoñas, tan revoltosos ellos se comportan como lo hacen porque tienen que hacerlo, son niños, ¿qué esperabais?
Que sí, que sí, que cuando mi hija mayor era pequeña reconozco que algún cachete se ha llevado. Hasta que empecé a leer argumentos aplastantes contra esta forma de educar, y dejé automáticamente de ejercer ese tipo de fuerza física sobre ella. Sí, sí, que lo llamamos azote, pero en realidad estamos ejerciendo fuerza física sobre una persona más débil que nosotros, por muy flojita que suene la palabra azote.

Google imágenes


Quienes me conocéis seguro que pensáis, claaaaaro, es que tu hija es una santa, siempre te lo ha puesto muy fácil, nunca se porta mal… Si lo hace, creedme, y ni os quiero contar ahora que está entrando peligrosamente en la temida pre pre adolescencia, ¡mátame camión!

Pero no, esto no va de niños buenos o malos, esto va de niños, sin más. Es verdad que si tu hijo o hija se porta como ‘se espera de él’ no tienes que recurrir a el azote, la amenaza, el castigo, los gritos… y todo lo que la disciplina positiva nos aconseja no hacer. Pero ante esto yo me pregunto, ¿Qué esperamos de ese comportamiento? Sencillo. Que se coman todo, que obedezcan a la primera, que no se muevan en un restaurante, que se laven las manos cuando se lo pides, que no se peleen con su hermano o hermana, que bla bla bla. ¡Para, para! ¡pero qué aburrimiento! Yo así paso de ser niña, de verdad…

El reto real está en nosotros, en nuestra reacción a sus comportamientos, no en que ellos se porten bien y sean niños modelo.
¡Cachis! Ya me estoy liando otra vez… voy a ver si cuento un poco sobre qué es la disciplina positiva y como estamos intentando seguirla en casa, y que cosas nos funcionan muy bien; aunque tranquilos, no soy una súper madre, a veces las grito, y a veces estoy tentada a castigarlas, aunque cada vez consigo hacerlo menos. ¡Yeah! Michelle nos lo pone más fácil, sí, pero Laia… amárrense las enaguas, ¡que aquí mi amiga es de armas tomar!


Después de explicarle que no se puede pintar en las paredes, sino en el papel, le dijimos que tenía que limpiarlo. Fue a por un trapo e intentó quitar todo lo que pudo. No la castigamos, ni la gritamos, y aún así aprendió que no debe pintar en la pared porque después tendrá que limpiarlo... ¿y a qué niño le gusta limpiar?


Bien, pues la disciplina positiva se basa en la comunicación, el amor y el entendimiento y la empatía para disfrutar de las relaciones familiares. Es un enfoque que no incluye ni el control excesivo ni la permisividad. Se basa en el respeto mutuo y la colaboración.  Como dice Jane Nelsen en su libro, ‘Como educar con firmeza y cariño’, que pienso comprarme ya: de donde sacamos la idea loca de para que un niño se porte bien primero tenemos que hacerlo sentir mal.  Tiene lógica, ¿a qué sí?
 Pues sí, suena lógico, pero madre mía, que difícil es a veces controlarse cuando tu hija arranca un trozo de papel de la habitación de su hermana puesto hace menos de un año. O cuando sale corriendo por la acera y no para, aunque le grites que lo haga porque la va a pillar un coche… Como dicen muchas pelis, esta historia está basada en hechos reales, los de mi hija pequeña, jajajaja.

 Y nada, ahí te ves intentando explicarla, poniéndote a su altura, siempre poniéndose a su altura, fundamental, sino somos el gigante contra la hormiga, que no puede arrancar un trozo de papel de la pared porque su hermana se pondrá triste y que si cruza la carretera ella sola puede que un coche venga deprisa y le haga mucho daño, y entonces también nos pondríamos tristes.
Esto es un tema muuuuuy largo y con muchos puntos, incluso de largo debate. Pero básicamente hay unas premisas básicas y claras que pienso que todo padre puede seguir, y que nos llevan al resto, así como un efecto dominó, pero de los que tiran todas las fichas, ¿eh?

 Google imágenes

Nosotros, como ya comenté más arriba, tenemos cosas muy claras sobre que no queremos hacer, y estas son: pegar, gritar o castigar a nuestras hijas.
Nadie, absolutamente nadie en el mundo se merece que le peguen, mucho menos un niño indefenso, que además es lo que más queremos en este mundo, ¿verdad?
Al tener dos hijas con edades tan dispares (3 y 9) tenemos diferentes comportamientos con cada una, y las estrategias o truquillos que usamos nada tienen que ver, pero todos se basan siempre en el respeto hacia ellas como miembros del hogar de igual derecho que nosotros, la empatía y el cariño que obviamente les tenemos por ser nuestras hijas.
Laia es una niña, como yo digo, que está enfadada con el mundo, tiene carácter, mucho, y temperamento, más todavía… así con ella tenemos paciencia infinita para explicarle porque no puede, por ejemplo, salir a la calle en marzo con un vestido de tirantes (sí, lo quiso hacer esta mañana) y hacerlo de tal forma que no monte en cólera y le salgan llamas por detrás de la diadema que se ha puesto ese día.
Antes gritaba mucho, y aun a veces lo hace, pero utilizando pequeñas frases con ella como: si me lo dices gritando no te escucho, que dice lo mismo, pero suena diferente al típico: no me chilles (si puede ser gritando también) hemos conseguido que no grite tanto.


Técnica de distracción dibujando en la servilleta de un bar para evitar que siga montando un escándalo porque quiere comerse el segundo helado de la tarde... 

El humor y las cosquillas son fundamentales para resolver pequeñas o grandes rabietas que todo niño pequeño tiene a lo largo del día por incoherencias varias (típico de una rabieta) y que convierten las lágrimas en risa descontrolada ¡por arte de magia! Y lo relajaditos que se quedan después, ¡maravilloso!
Y he de decir que con la mayor el truco de las cosquillas funciona igual de bien que con la pequeña. Un enfado por lo que sea, le atacas con cosquillas, y ¡adiós enfado!
Siempre intentamos con cariño acercarnos a que nos expliquen qué les pasa, por qué están enfadadas, o por qué lloran. Normalmente nos mandan a la m… la primera vez, o se enfadan más. Pero ahí estamos insistiendo y diciéndoles que cuándo quieran decirnos que les pasa estaremos ahí para escucharlo.


A veces una acaba gritando por pura supervivencia, es cierto, ¿no me oís desde vuestras casas? Pero ver como se pelean por una completada bobada (para mí, que no para ellas), y como van gritando cada vez más o incluso como llegan a las manos, me enfada de tal forma que termino gritando, lo cual, efectivamente no sirve para nada.  A mí, sinceramente, se me pasan las ganas de gritar a mi hija cuando llorando y sufriendo me dice: no me grites.  Nunca, nunca les pego, y en muy contadas ocasiones las he amenazado con hacerlo, de lo cual también me arrepiento al segundo pensando eso de: nunca digas algo que no vas a hacer.

Michelle ya va teniendo una edad en la que razonar con ella es más fácil que con su hermana, aunque cuando está muy enfadada es difícil igualmente; yo dejo que diga lo que quiere, la escucho, y luego la pido que se calme. A veces tarda 5 minutos y a veces media hora. Y cuando ya está calmada intento razonar con ella, a menudo acaba entendiendo el asunto, y cuando no es así… ¡guerra de cosquillas!
Tampoco hay que confundir esto de la ausencia de castigos y azotes con una falta de normas en casa. Tienen que saber lo que está bien y lo que está mal, y que en una convivencia en casa hay unas normas que todos debemos cumplir, que hay cosas que no se pueden hacer por nuestra salud (sí, lo del vestido nuevamente), que las tareas no son solo cosa de mamá y papá, etc. Esto, acompañado de esas muestras de cariño y respeto hacia tu hijo harán que poco a poco vayan adquiriendo habilidades que les serán de ayuda fuera de casa para resolver conflictos.



Hay mucho camino por recorrer, esto de la educación es una carrera de fondo dificilísima, un constante de aprender y re aprender; cada niño es un mundo con sus peculiaridades y debemos siempre intentar entender su mundo interior, y saber y tener claro que su pensamiento siempre va a ser diferente al nuestro (de ahí lo importante de ponernos a su altura para hablar con ellos) por ser niños. 

Google imágenes

Yo solo soy un bebé en pañales en esto de la disciplina positiva, pero cada día aprendo algo nuevo y ellas me enseñan con sus abrazos y besos desinteresados que con cariño, paciencia y empatía podemos lograr lo que queramos, ladies. ¡Lo que queramos!
Y hoy termino con un pequeño texto muy bueno, y si has llegado hasta ahí va un aplauso de la Chapas de España.

‘Es sencillo…
Fijaos en los niños.
Aman sin dudar.
Abrazan sin avisar.
Besan inesperadamente.
Escriben en las paredes.
Comparten muchas veces sin pensar en nada.
Mucho tenemos que aprender de ellos.’

¡Hasta más ver!

Yess
Chapas al cuadrado




1 comentario

  1. No podías haberlo explicado mejor. Lo primero es conocer al niñ@ y entender su comportamiento. Recordar que los niños ya son personas, por lo tanto hay que tratarles como tal. Colocarse a su nivel, es importantisimo. Lo más importante es no amenazar con lo que no vas a hacer. Se educa con el ejemplo. Definitivamente pienso que son imprescindibles unas normas y que los gritos y pegar a los niños solamente es consecuencia de una perdida de control de los adultos y no llevan a nada xq muy seguramente volverán a repetir la acción por la que le has dado un azote o le has gritado. Podría estar escribiendo mil cosas que observó diariamente con padres y niños, pero creo que lo has hecho perfectamente tu. 😉

    ResponderEliminar