A ver a quién de nosotros nos van a preguntar dentro de 10 años que si nos acordamos de la primavera de 2020 y vamos a decir que no, ¡ja!
Y no, no será porque España ganó Eurovisión (no sabes qué favor te hicieron, Blas, me encantas) O porque miles de turistas invadieron Sevilla para ver sus procesiones. Pero pensad en positivo, este año ningún andaluz estará pendiente del cielo el día de Viernes Santo!
Esa primavera sucedió algo que supondrá un antes y un después de, me atrevo a decir, todos nosotros. Desde los más pequeños, que no entendieron porque tuvieron que dejar de ir al cole, a los parques de repente, para quedarse en casa sin salir porque un bicho malo estaba en las calles esperando, hasta los más mayores, que sufrieron ese período muchos en soledad y todos sin entender cómo el ser humano, que se cree tan poderoso y con tantos recursos a su alcance pudo llegar a ser tan vulnerable y convertirse en el más indefenso de los seres vivos...
Ese año fue cuando la naturaleza pudo recuperar un poco de lo que el ser humano llevaba años robándole, y cuando el cielo volvió a tener el más intenso de sus azules libre de polución.
Supongo que también fue el año en el que todos volvimos a leer, a recuperar aficiones aparcadas por la loca maternidad o el trabajo, a echar un poquito el freno, y nos bajamos de la vida, como tantas y tantas veces habíamos deseado...
Y aunque fue de forma obligada, sí, en el fondo sé que en parte todos agradecimos este ejercicio de 'saneamiento' interno, y haber curado entre todos un poquito al Planeta Tierra al que tantos años llevábamos maltratando.
Sé que estoy hablando desde el futuro, pero es algo de lo que estoy tan convencida, que me atrevo a decir que lo que escribo ahora se confirmará casi al 100% mañana, y al otro, y cada día un poquito más...
Y en este camino, en el proceso, vamos a intentar reconducir nuestra mente hacia lo positivo, a alejarnos de la avalancha masiva de noticias y a aprender algo de todo esto, ¿no?
Así que aquí estoy yo para enseñaros otra receta fácil y saludable, para que esos menús en estas semanas no sean tan aburridos como nuestra estancia en casa.
Hoy os traigo una cremita de calabaza asada y pera con la que si no os chupáis los dedos es porque no nos deja el gobierno. Vamos a por ella!
Ingredientes (para 3-4 aprox)
-Unos 800 gr de calabaza.
-2 -3 peras de conferencia según tamaño.
-1 cebolla normal.
-1 yogur natural
-Caldo de verduras
-Sal, pimienta, aove, semillas
1. Primero partimos la calabaza en trozos grandes, pelamos la pera y la cebolla.
2. Ahora ponemos un papel de horno en la bandeja y ponemos todas las verduras. Metemos al horno precalentado a 180º durante una media hora, hasta que veais que la calabaza está blandita.
3. Metemos todo en la batidora, añadimos sal, pimienta negra, un buen chorro de aove, caldo de verduras y un yogur natural (o podéis añadir quesitos, leche evaporada, nata... según os guste más o menos calórica, jaja). La cantidad de caldo irá en función de como os guste de espeso. Batir hasta conseguir una crema lisa.
Servir y echar un chorrito de aceite por encima y semillas variadas. Yo le añadí también pipas de calabaza, me encantan con la crema de calabaza.
Y con trocitos de pan de pueblo como el que se ve al fondo ni os cuento como está...
Y nada más, tengo pendiente entrada esta semana, pero me vais a disculpar, tengo que estar en casa 24 horas y ¡no encuentro el momento!
Yess
Chapas y ahora confinada




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